Virtudes y fortalezas del carácter

Liderazgo desde las virtudes y fortalezas del carácter

En este post vamos a descubrir el liderazgo desde las virtudes y fortalezas del carácter para identificar mejor a las personas.

¿Empezamos? 😉

¿Qué es el liderazgo? 

“Liderazgo es hacer que otros mejoren en tu presencia y que su impacto perdure en tu ausencia”. La frase y definición anterior son de mi admirado Carlos Escario. 

Reflexionando sobre ella, deduzco que Carlos habla de modelado. Líder modelo que mediante su influencia contribuye a que otros mejoren cuando están junto a él, a su lado. 

A la vez, el impacto de dicha influencia cala en el liderado hasta el punto de que éste mantiene el comportamiento aprendido, incluso en ausencia del modelo.

Desde esta definición, y con el permiso de Carlos, me permito abrir una reflexión (una más, sí) sobre la figura del LÍDER, el ejercicio de su LIDERAZGO, y el EFECTO que él mismo produce. 

Entiendo que va siendo hora de que unamos los tres en una misma ecuación, y que midamos si existen o no los dos primeros, no tanto en función del cargo del que emanan o

que representan sino del tercero, esto es, desde el efecto que de ello se deriva; y no al revés.

Virtudes y Fortalezas del carácter

Empecemos. En la definición anterior, hay algunos aspectos sobre los que me gustaría detenerme, y desde los que quiero construir y abrir a todos mi reflexión.

– Por un lado, quiero destacar la ausencia en la misma de la palabra LÍDER. Desde mi modo de leer y entender la definición, el “tú” es el líder que ejerce el liderazgo. Quizás, entonces, una primera consecuencia a obtener es que para que se produzca liderazgo, ha de haber (implícito o explícito) un “tú” líder. Y yo me pregunto: ¿Quién es (o ha de ser) ese “tú”? 

¿Cómo de definido debe estar para que su liderazgo sea efectivo y propicio? Y también, una pregunta más: ¿Y si fuera posible un liderazgo sin líder?

– Por otro lado, encuentro dos palabras/expresiones claves en la definición de Carlos; tales son:

“Mejoren” e “Impacto Perdurable”. Como en el caso anterior, me gustaría dejar dos preguntas abiertas: o ¿Qué entendemos por mejorar?, o quizás: ¿Qué mejora es aceptable?

o En base a la respuesta anterior: ¿Qué tipo de impacto perseguimos?, o quizás: ¿Qué impacto es aceptable?

Y ahora, antes de seguir leyendo, os estaréis preguntando: ¿Es necesario abrir esta reflexión sobre liderazgo? ¿No está ya suficientemente tratado y manido? ¿Nos vas a proponer una nueva tipología deliderazgo? ¿Tienes algo nuevo que aportar?… Y yo contesto, en ese orden: Sí; No; No; Sí. ¿Lo desgranamos?

2 Que el asunto “Líder/Liderazgo” es importante lo sabemos todos; además, podemos deducirlo del efecto (“ruido”) mediático que produce. Preguntémosle al “sabio” Google. Si introducimos la palabra “liderazgo” en su motor de búsqueda, el resultado que nos arroja es de más de 70 millones de entradas en 0,4 segundos. Si hacemos lo mismo con “líder”, los resultados son abrumadores; casi el doble que los anteriores: 131 millones de entradas en 0,55 segundos. Esto es, si hablamos de ello, es porque a las personas nos preocupa y nos ocupa.

También, hemos dedicado tiempo en definirlo y etiquetarlo. De acuerdo con los estudiosos del tema, nos encontramos con los siguientes tipos/estilos de líderes/liderazgo: Autocrático, burocrático, democrático, carismático, orientado a las personas, orientado a la tarea, natural, transaccional, transformacional, situacional … Sin olvidar el ético, el sirviente, el auténtico, el líder-coach, . 

Quizás, para rematar la ensalada de etiquetas, tendremos que añadir “Liderazgo Covidante”, por aquello del covid-19. 

Aunque a tenor de los resultados que arrojan sus gestiones, suspenden todos, o casi todos ellos.

Ahora bien, cuando definimos “LÍDER” o LIDERESA”, nos encontramos con lo siguiente: “Persona que dirige o conduce un partido político, un grupo social u otra colectividad”. Si seguimos indagando en nuestro DLE, podemos identificar y definir términos sinónimos o similares, tales como “GESTOR”, “DIRECTOR”, “CONDUCTOR”, incluso “GERENTE” o “MANAGER”, y todos nos conducen al mismo lugar: alguien que hace algo relacionado con el nombre que ostenta o representa.

Tenemos también otros sinónimos posibles, CAUDILLO, JEFE, ADALID, CABECILLA, DIRIGENTE, JERIFALDE, etc., que van en la misma línea, pero que no vamos a tocar no sea que produzcamos malestares y malentendidos.

Si nos vamos en búsqueda de “LIDERAZGO”, nos encontramos con dos entradas de interés; por un lado, “condición de líder”; por otro, “ejercer las actividades del líder”. Si miramos la imagen de buscapalabra.com que se acompaña, y desde todo lo descubierto hasta aquí, podemos preguntarnos:

– ¿Dónde está todo ese glamour con que acompañamos a los términos “líder” y “liderazgo”? 

¿Nos estará influyendo la literatura, filmografía e iconografía anglosajona sobre ellos?

– ¿Dónde se habla en nuestras definiciones y desarrollos de resultados, de cambios, de visión, de impacto, de mejora, de…? Todos ellos, ¿se presuponen?

– ¿Tanta literatura, desde tantos gurús, sabios y prudentes, para descubrir que el liderazgo y el líder

es más simple de lo que presumimos que era?…

Llegados aquí, se apodera de mí un enorme vértigo. Si todo lo anterior es cierto, ¿con qué objeto

preparamos, anunciamos y vendimos tantos cursos sobre liderazgo? ¿Qué ofrecíamos en ellos? Bueno, ofrecíamos y ofrecemos; si miramos en nuestro amado Google “Formación en Liderazgo”, nos muestra, en 0,43 segundos, nada menos que 73,5 millones de entradas. Por no hablar, claro, de las cientos de miles de entradas, artículos, programas que proponemos, aquí, en LinkedIn.

No puede ser, me digo. O el DLE está equivocado y obsoleto, o la traducción desde el inglés es imprecisa, debido quizás a una relajación excesiva de las eminencias de la Academia que se encargaron ese día del trabajo de traducción.

Para salir de dudas, me acerco a diferentes diccionarios de la Lengua Inglesa; Cambridge Dictionary Léxico, Oxford Learner’s Dictionary, y me encuentro que: “Leader is a person who leads a group of people, especially the head of a country, an organization, etc.” Ummm, casi lo mismo. 

Aun no satisfecho, me acerco al Collins Dictionary, para ver que me cuenta. Entre otras, leo: “a person who rules, guides, or inspires others”.

¡Bien! Me digo, por fin una palabra que va más allá del “simple” (con respeto) guiar, dirigir, conducir, gestionar, o reglar… INSPIRAR. Tanto desde el Collins, como desde nuestro DLE, su definición se acerca más a lo que perseguimos que implique la función de LIDERAR: Infundir nuevos afectos e ideas; iluminar el entendimiento y mover la voluntad; motivar para propiciar la creatividad; modelar en algo a alguien.

Sin duda, cuando un líder inspira, y según nos apuntaba Carlos Escario en la definición del inicio de este artículo, le resulta más fácil crear IMPACTO en sus seguidores, además de hacerles mejorar a través de sus palabras, ejemplo e inspiración.

Revisando todo lo anterior, aún no me siento satisfecho. ¿No son innumerables los designados y autodenominados “líderes”, que a través del ejercicio de su supuesto liderazgo han hecho (y siguen haciendo) eso de inspirar a sus seguidores, y que sin embargo su impacto y mejora sobre ellos, sobre su entorno, en su contexto Social ha sido (y sigue siendo) nefasto, criminal, destructivo, o (como mínimo) insulso, inservible, anodino?

¡Me niego a utilizar los términos LÍDER y LIDERAZGO para tales menesteres y con dichos resultados!

Califiquemos con otros nombres más idóneos para lo que hacen, de acuerdo con la mejora que producen y considerando lo que resulta de ello, en dos líneas diferentes:

– Eficientes: dirigentes, rectores, gestores, representantes, conductores, por ejemplo; y

РDa̱inos: electos, ineficaces, instrumentales, dictadores, partidistas, por mostrar algunos ejemplos.

Quiero proponeros un COMPROMISO que nos una a todos:

Comprometernos a usar el término “LÍDER”, únicamente, cuando la persona a quién se lo otorgamos, cuando la empresa, organismo, institución a quién así designamos, pueden mostrar y demostrar que aportaron y aportan VALOR diferencial, que mejoran y mejoran el CONTEXTO sobre el cual aplican su liderazgo, convirtiéndolo en más virtuoso, útil, positivo, integrador y beneficioso, para todos los integrantes de aquél, sean o no, sus seguidores, correligionarios o partidarios. ¿Qué os parece?

Descubrimos dos premisas muy interesantes, sobre las virtudes y fortalezas del carácter:

  1. Que la mejora se mide a través de los resultados aportados, y se confirma en el cambio que se da en los liderados.

A mi entender, esto es muy importante; implica que ya no llegan líderes a las empresas, a los partidos, a los equipos, a los gobiernos, etc.; llegan políticos, gestores, directores, ingenieros, entrenadores, jugadores, etc., y éstos se hacen líderes en el ejercicio de su liderazgo y por medio de los resultados valiosos, útiles, positivos y virtuosos que aportan y promueven en sus liderados, en sus equipos, y en el contexto que los contiene. 

Si lo anterior no se da, no hay líderes.

  1. El impacto, sólo es visible cuando el contexto se ha transformado debido a la mejora, y se perpetúa en el tiempo porque los liderados se convierten en líderes en sí mismos.

También, es necesario comprobar que el contexto se ha transformado en mejor, en más positivo, en más virtuoso y valioso, ¿en más humano?; y que, además, cuándo esa líder dejó de estar, su impacto sigue ahí, en los nuevos líderes en que se han convertido las personas a las que lideró, en las que influyó e impactó.

Si en lo anterior estamos de acuerdo, y con el permiso de Carlos Escario, propongo una nueva “versión extendida” de su valiosa definición:

“El liderazgo se ha producido cuando los liderados se han convertido en líderes comprometidos gracias a la influencia del líder, cuando el contexto en el que éste lidera es ahora más valioso, positivo, virtuoso, integrador y beneficioso para todos los que en él participan, y cuando tales resultados y su impacto perdura incluso cuando el líder no está presente”.

Desde esta perspectiva, denomino “Líderes” a personas como: Sócrates, Clara Campoamor, Nelson Mandela, Emmeline Pankhurst, Leonardo Da Vinci, Teresa de Calcuta, Gandhi, Jacinda Ardern, por citar algunos ejemplos relevantes.

De lo dicho hasta aquí, se desprende que el liderazgo sólo existe cuando aporta resultados positivos; esto es: algo (una característica, una forma de hacer, una cualidad, un proyecto, una metodología, una solución, un resultado, etc.,) que no estaba, y ahora está; o bien estaba y ahora está en mayor cantidad, o más desarrollado, o con mejor calidad, o mejor y más distribuido.

A mi entender, el marco conceptual y herramientas positivas que se generan desde la perspectiva de la Psicología Positiva, unido a la utilización del Manual de las Virtudes y Fortalezas del Carácter encontradas por los autores Seligman y Peterson, son paradigmáticas para la conceptualización, medida y desarrollo del Liderazgo sobre el que escribo. 

A partir de aquí, el líder en crecimiento encuentra métodos y medidas para su realización.

¿Cuál es la razón que me empuja a trabajar desde un modelo de liderazgo en el que encuentro crucial la “re-identificación” de VALORES, virtudes y fortalezas del carácter que persigan como resultado aumentar la sensibilidad social y humana, experiencias vitales más satisfactorias, y contextos más ricos, críticos y sabios?

 

Conclusiones

Finalmente, cuando observo el mundo en el que nos movemos, con los conflictos, problemas y retos que nos acucian, con el enorme y creciente número de conflictos personales y grupales, con brechas relacionales de enormes fracturas, descubro como “gobernantes” del autobús de nuestros destinos a supuestos líderes que se conducen girando de espaldas en caída sin control dentro de un vórtice egotista, egocéntrico, egoísta y desvalorizado, donde la estrategia para seguir ahí es la eliminación del pensamiento crítico, la reducción hacia la indolencia y la mediocridad, y las herramientas más certeras son campañas mediáticas de descrédito y ataque del y hacia el otro.

Hombre Carlos, me digo, lo hemos hecho mal, ¿pero tanto como para merecernos esto?…

Y como NO me resigno a que así continúe, voy a luchar por promover un modelo de LIDERAZGO que sea (con permiso de Stuart Mills, Sidgwick, Kant, Aristóteles y otros muchos), un compendio de “Utilitarismo Deontológico de Virtudes”, desde el que los LÍDERES que lo representan se preocupen y se ocupen de promover, por ejemplo, VIRTUDES tales como: Sabiduría y Conocimiento, Coraje, Humanidad o Justicia; creando entornos colaborativos en los que veamos crecer FORTALEZAS tales como: Creatividad, Apertura Mental, Valentía, Integridad, Inteligencia Social, Justicia, Liderazgo, Honestidad y Humidad, Gratitud, Humor o Esperanza.

¿Por qué no?… Por mi parte, voy a buscar personas, ya líderes o en camino de serlo, que presenten entre sus características y herramientas algunas de las 24 FORTALEZAS. Casi puedo apostar que gracias a la influencia éstas, su “Liderazgo está convirtiendo en líderes comprometidos a las personas con las que trabaja y se relaciona, y a la vez, está consiguiendo que el contexto en el que lidera es ahora más valioso, positivo, virtuoso, integrador y beneficioso para todos los que en él participan; ¿conseguirá que tales resultados y su impacto perduren cuando ella (o él) ya no esté presente?”.

Amiga, amigo, ¿te comprometes conmigo a que busquemos e identifiquemos personas que ya están practicando este paradigma de liderazgo?

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